El desprecio por la vida propia y la ajena escaló un peldaño más en la sociedad piquense. En la noche del miércoles último, en el tramo de la Ruta provincial N°1 comprendido entre el edificio del Círculo Policial y la estación de servicio Shell, 9 motociclistas en patota corrieron picadas y, además, probaron dos motos a contramano, obligando a los automovilistas que circulaban en sentido correcto a esquivarlos.
Foto de Archivo infopico.com
El hecho, que fue denunciado por un vecino al Comando Radioeléctrico UR-II, se desarrolló entre las 21,30 y las 22:00 horas, aproximadamente de anteanoche.
La palabra “patota” es apropiada para ese grupo de potenciales suicidas-homicidas que, además de probar y probarse “quién la tiene más grande” (hablando de las motos, claro), pusieron en riesgo a las numerosas personas de distintas edades que a esas horas pasean, corren, andan en bicicleta o hacen gimnasia en las inmediaciones.
Después de hacer un par de “picadas” los muchachos se agruparon en el cantero central de la doble vía de ruta existente en el lugar a unos 100 metros de la estación de servicio. Primero uno, luego otro, salieron a toda velocidad a contramano, hasta el cruce con semáforos de la ruta con la calle 24. Un par de automovilistas, que iban en sentido correcto por la mano elegida por los jóvenes motociclistas, debieron esquivarlos para evitar ser embestidos.
A los pocos minutos de haber efectuado el llamado, el vecino registró el paso de un patrullero policial primero y de dos motos de la misma fuerza después. Pero para cuando llegaron a la zona en cuestión los moto-patoteros ya se había internado en las calles del barrio Indios Ranqueles.
Aunque repetido, no es un dato menor: de los 9 que integraban el grupo ninguno usaba casco, y tres de las motos carecían de luces delanteras y traseras.
Todo lo dicho y todo lo escrito hasta el momento en los medios periodísticos locales y provinciales sobre los accidentes, la cantidad de víctimas fatales, las horribles secuelas físicas y psicológicas que deben soportar los que sobreviven a algunos de los siniestros evidentemente no ha sido suficiente y no ha sido eficaz. Tampoco alcanza con los operativos municipales y policiales. Para el que coquetea con la muerte, y arriesga matar a sus semejantes, no hay palabra que lo detenga.