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Accidentes viales: UN LENTO GENOCIDIO



Si se hubiese caído un avión de los que parten de Santa Rosa y se hubieran muerto pasajeros y tripulación, se hablaría de la tragedia más grande de La Pampa, se cerraría el aeropuerto, caerían cabezas de funcionarios, etc. etc. En lo que llevamos de año, murieron más personas aún en rutas y calles pampeanas, pero todo sigue igual. Nada cambia. Las muertes viales se hicieron “naturales” en nuestra sociedad, como una fatalidad de la que no se puede escapar. Y ese es el peor peligro. Son evitables, son necesariamente evitables. 


En los últimos tiempos la mayoría de los accidentes fatales no son colisiones entre dos vehículos sino vuelcos en rutas o caídas de motos en zonas urbanas.

Si nos referimos a los autos y camionetas, en general hablamos de autos que llegan a muy altas velocidades, pero que generan en los conductores una fuerte sensación de seguridad, de omnipotencia. Se puede acelerar y acelerar que “ni se siente”. Y todos hemos visto en las rutas andar a velocidades que pasan ampliamente los límites permitidos.

Volviendo al hipotético ejemplo del avión, seguramente si se hallara algo por fuera de la ley que hubiese permitido su caída y la muerte de los 95 ocupantes que puede llevar, el escándalo sería mayúsculo.

Pero ya murieron 98 personas en lo que va del año. Y muchísimas de ellas iban a más de 110 km/h, el máximo permitido por la Ley Nacional de Tránsito para las rutas (130 km/h para autopistas, pero en La Pampa no existen).

Claro que iban a velocidades que dificultan el control del volante porque… pudieron comprar autos que las tienen. Y nadie se escandaliza de que legalmente se vendan cosas que permitan acciones ilegales.

Sería algo parecido a poder comprar libremente cocaína en cualquier kiosco, aunque esté prohibido y haga mal. Sería un escándalo. Pero comprar autos que llegan a  velocidades prohibidas en Argentina es algo normal y legal.

Algunos defenderán la venta de autos con altas velocidades diciendo que no se puede impedir que en algún autódromo prueben el vehículo “a lo que dé”. Pero todos sabemos que autos, motos y camionetas se prueban en las rutas a costa de la vida de la gente.

Sería lo mismo que decir que alguno puede “darse” con cocaína en su casa, alguna vez en su vida para probar, sin molestar a nadie y por eso su venta debería ser legal.

Sin duda, el instrumento para hacer lo ilegal, es decir andar a más de 110 km/ h en rutas, se vende legalmente y hasta es motivo de orgullo entre compradores. ¿Incoherencia? ¿Hipocresía? ¿Naturalización de un país en que lo legal “no tiene que ir necesariamente” de la mano de la realidad? ¿O qué?

El costo económico

Pero además de poder comprar vehículos que se pueden convertir en armas por las velocidades que permiten, hay concepciones totalmente erróneas.

Muchos dicen es mi vida y hago lo que quiero. Y entonces no cumplen las cinco reglas básicas, según la OMS, para evitar accidentes: el uso de cinturones de seguridad, uso de cascos de ciclistas y motociclistas, control de la velocidad y del consumo de alcohol y visibilidad de los peatones.

Y no las cumplen porque creen que es su vida y hacen lo que quieren. En realidad, sería así si el estado no asistiera a ningún accidente de tránsito, si dejara que familiares se encargaran de sacar los cuerpos, de retirar la chatarra, o simplemente quedara todo hasta que se pudriera.

Pero la realidad es otra. Por cada accidente, el estado moviliza mucho dinero. En Mendoza, el gobierno de esa provincia contabilizó el costo que tiene por accidentología vial. Unos 30 millones de pesos por año. En La Pampa no hay estadísticas, pero sin duda es una cifra millonaria y escalofriante.

La Asociación Civil Luchemos por la Vida calculó que Argentina pierde unos 5000 millones de dólares por año por accidentes de tránsito, ya sea en el ámbito judicial, en gastos de salud, jubilaciones por invalidez o en seguros.

Además, los accidentes provocan la muerte de 7300 personas al año, unas 20 por día, lo que «equivale a la caída de un avión por semana», según la Asociación Vida.

Ni hablar de las consecuencias del día después. Los accidentes provocan en nuestro país16 mil discapacitados al año, que provocan gastos en salud por 900 millones de dólares.

Y los accidentes viales originan  casi 100 mil heridos que significan 600 millones de dólares para el sistema de salud Pública. Se estima que el 20% de los hospitales, sobre todo públicos, están ocupados por heridos de tránsito, en terapias intensivas, operaciones de urgencia, prótesis o largos tratamientos.

Por su parte, se estima que en el país el 30 % del trabajo judicial se origina por accidentes de tránsito y demandan un gasto anual de 900 millones de dólares, a través de juicios e indemnizaciones. Luchemos por la Vida estimó en 125 mil dólares el promedio que se paga por cada vida perdida.

Por pensiones por fallecimiento y las jubilaciones por invalidez (estimadas en 150 mil) se gastan unos 500 millones de dólares. Y en el área de los seguros, se habla de unos 2000 millones de dólares.

 

Las causas

La OMS habla de cinco causas principales, falta en el uso de cinturones de seguridad, de cascos de ciclistas y motociclistas, control de la velocidad y del consumo de alcohol y de visibilidad de los peatones. Todas causas evitables con un poco de conciencia.

Pero es más fácil echarle la culpa al estado de las rutas, a que no están preparadas para las velocidades que alcanzan los autos. ¿Por qué andar por fuera de la ley, a más de 110 km/h, aunque mi auto o 4×4 lo permita?

Sin dudas, la problemática está más relacionada con la conciencia de cada uno al agarrar el volante, con apego o desapego a la vida, con el respeto o la indiferencia hacia lo que se puede hacer en el otro.

En algún momento, 7 de cada 10 accidentes eran colisiones frontales que se podrían haber evitado con autopistas. Los hechos (no hay estadísticas actuales) demuestran que en los últimos tiempos, la mayoría de las muertes fueron provocadas por vuelcos o caídas de motocicletas donde no había ningún otro vehículo.

Siempre es más fácil echar la culpa a lo de afuera. Podríamos tener las mejores rutas del país, pero si seguimos andando a 170 km/h, si seguimos manejando aunque estemos cansados, si seguimos “corriendo carreras” en las rutas y pasando a todo el que se nos cruza, si seguimos pensando que es una cuestión mía, que nadie se puede meter en esto, que es mi vida… seguiremos igual, naturalizando lo que bajo ningún punto de vista se puede naturalizar: UN LENTO GENOCIDIO.