Un grupo de personas, aún no identificadas, destrozaron esta madrugada el teléfono público instalado junto al Centro de Salud del Barrio Frank Allan (calles 34 y 1). Sin más motivo que la voluntad de romper, dañar y restar calidad de vida , los vándalos sacaron de servicio un elemento de suma utilidad para todo ese sector de la ciudad.
Día tras día se pone a prueba la capacidad de la sociedad para resolver sus problemas y avanzar hacia mejores condiciones de convivencia. En cada jornada renace la tensión y el contraste entre los que suman, aportan, cuidan y producen, y los otros, los que rompen, ensucian y parasitan a la misma sociedad de la que se sirven a diario. Romper un teléfono público en un barrio es obra de los que desprecian a sus vecinos y, llegado el caso, también a sus propias familias.