En estos días en que los cortes de luz fueron recurrentes hubo electrodomésticos quemados, computadoras averiadas, sistemas informáticos caídos, abuelos y niños sufriendo peligrosamente el calor, mercadería tirada porque había perdido la cadena de frío, negocios que perdieron ventas, lugares que debieron cerrar, estudiantes que terminaron de repasar a la luz de la vela… hubo pérdidas en salud, pérdidas en trabajo y en dinero… pérdidas en calidad de vida. Pero ¿quién se hace responsable?

No solo le tocó a los ciudadanos comunes sufrir las consecuencias de los cortes de luz no programados. En el sector de Rentas de la Municipalidad se averió el sistema informático y desde el martes pasado, recibos y demás documentación los realizan a mano, como hace 20 años atrás. Lógicamente la atención se lentifica y las largas colas en cada bóxer se suman. Y hasta el hospital Gobernador Centeno sufrió que una de las fases de la instalación eléctrica quedara fuera de servicio.
Pero entre la ciudadanía, las historias se multiplican. A uno se le quemó la heladera, a otro la computadora, otro tuvo el bebé llorando desconsoladamente por el calor sin poder atenuarlo, otro debió estudiar a la luz de las velas porque rendía un final, otro no pudo presentarse a rendir porque no pudo imprimir los trabajos requeridos.
Y ni hablar de los comerciantes, que fueron afectados además, en sus bolsillos. Heladerías y oros comercios que debieron tirar la mercadería porque había perdido la cadena de frío, la imposibilidad de vender con tarjetas, las dificultades para funcionar sin el servicio eléctrico, las horas que mantuvieron las puertas abiertas pero nadie entraba porque la luz estaba cortada y parecía que el mundo se hubiera detenido. Y las fábricas que dejaron de producir. Y las radios que dejaron de sonar. Y los diarios que dejaron de escribir noticias.
Sin lugar a dudas estamos en una época en que dependemos de la energía eléctrica, nuestra organización social, y fundamentalmente productiva, se basa en ella. Pero cuando desde el gobierno no se prevé el suministro normal de la energía eléctrica, cuando no se previenen situaciones evitables, cuando no se planifica de acuerdo al crecimiento de la población y a la estación del año, las consecuencias son graves.
El malhumor social es evidente, está a la vuelta de la esquina. Y la mayoría de la gente lo dirige a Corpico, a quien le pagan la factura de la luz. Pero es la APE, Administración Provincial de Energía de la provincia de La Pampa la que se responsabilizó por los cortes. Adujo que debía tener una subestación ya instalada en Pago Norte, la zona de urbanización privada al oeste de la ciudad, pero por problemas burocráticos recién se concretaría en la segunda mitad del próximo año.
Los “problemas burocráticos” tienen que ver con observaciones del Tribunal de Cuentas sobre la compra del terreno, en una zona donde se valorizan mucho más que en otras de la ciudad. El dato no es menor. Y quizás por allí habría que empezar a buscar la larga cadena de responsables de lo que hoy está ocurriendo en General Pico, la única ciudad de La Pampa con problemas de cortes energéticos.
Hasta el momento, comerciantes que perdieron dinero, abuelos y bebés que perdieron en salud, estudiantes que perdieron en estudio, empleados que perdieron en trabajo, patrones que perdieron en capital… no tienen donde reclamar y nadie parece estar dispuesto a pagar el costo. ¿Es justo? ¿Es tolerable? ¿Es inimputable lo que le ocurre a nuestra ciudad? ¿Cuándo alguien se va a hacer responsable de las pérdidas?