Un 30 de octubre de 1983, nuestro país volvía a las urnas, sus ciudadanos dejaban de ser espectadores de la vida política para ser protagonistas, para elegir un modo de vida y de gobierno capaz de recuperar la paz, la libertad y la justicia social.

Treinta años después diversos gobiernos democráticos nos han demostrado que pesar de los encuentros y desencuentros, a pesar de las políticas impopulares que fragmentaron nuestra sociedad, a pesar de los gobernantes que no supieron (o no quisieron) gobernar en la búsqueda del bien común, elegimos la democracia que como dijera Winston Churchill “es el peor de todos los gobiernos a excepción de todos los demás “
Por eso hoy debemos asumir el compromiso y el desafío de construir un país mejor, donde por encima de las individualidades y los intereses sectoriales exista:
-una gran voluntad de trabajo y compromiso social.
-nobles sentimientos de unidad nacional y cultural.
-la defensa irrestricta de las instituciones democráticas, a través de la participación ciudadana.
-la búsqueda permanente de un país donde sus ciudadanos tengan más derechos, pero también cumplan con sus deberes.
-la convicción de que la educación nos hace libres y mejores personas.
– una verdadera democracia, que incluya a todos/as, porque hasta el momento está incompleta.
Nuestra democracia necesita de ciudadanos/as decididos a participar activamente, a involucrarse en la vida política, a ser parte, comprometiéndose con el bien común, para terminar con la injusticia, el egoísmo, la ambición desmedida, la corrupción, la intolerancia, buscando construir para nuestros hijos un país donde la democracia sea no sólo una forma de gobierno sino también una forma de vida.
Laura Gelitti