
Hace un tiempo atrás un alumno me preguntaba acerca de la denominada década ganada; pero el tiempo es tirano con los docentes-taxis, por lo que mi respuesta quedo trunca por el estridente sonido del timbre. Lamentablemente a la clase siguiente me entere que había pedido pase para otra ciudad debido a motivos laborales de sus tutores; lo cual me incentivo a escribir esta nota con la esperanza que pueda leerla más allá de la distancia.
Creo que dejando de lado la ideología política del lector, existen datos que son por demás elocuentes a la hora de realizar dicho análisis. En el año 2005 se pierde la autonomía energética; mientras que en la actualidad el 90 % de la energía consumida sigue proviniendo de los combustibles fósiles, a pesar de encontrarnos dentro de un selecto grupo de países con un potencial enorme para el desarrollo de la energía eólica, hidroeléctricas y otras energías renovables.
Si hablamos de infraestructura –algo realmente importante para el desarrollo económico y social- vemos que existen grandes deficiencias en agua potable ( alrededor de 8 millones de ciudadanos la carecen ) y cloacas (más de 20 millones); siendo estos servicios fundamentales a la hora de controlar la mortalidad infantil y las enfermedades de transmisión hídrica.
El parque automotor casi se ha duplicado, pero las rutas siguen siendo las mismas que hace medio siglo atrás, con el agravante de haber inducido una enorme cantidad de camiones al circuito vial, producto del desmantelamiento del servicio ferroviario de carga, el cual es fundamental en países de grandes territorios como Canadá y EEUU, donde transportan alrededor de la mitad de las cargas que circulan, mientras que acá solo lleva una décima parte.
Aerolíneas Argentinas realmente merece un renglón aparte, por su utilización, como caja oscura del gobierno, tratando de eliminar toda competencia y resguardando un manejo discrecional de la empresa a fuerza de subsidios que terminamos pagando toda la población, en beneficio de un reducido grupo de ciudadanos que utilizan el servicio aeronáutico; mientras la radarización y efectivo control del espacio aéreo –esencial para combatir el narcotráfico- todavía es una deuda pendiente.
Culturalmente la política del gobierno hizo epicentro en la reivindicación de los derechos humanos, lo cual a poco transitar, quedo demostrado que esta sería solo para aquellos ciudadanos que sufrieron en carne propia las atrocidades de la última dictadura militar; tal cual lo demuestra la situación de la norteña comunidad qom a los que se los sigue matando y violando sistemáticamente sus derechos sin que nadie del gobierno se muestre realmente preocupado.
El discurso oficialista de tipo confrontativo y desapegado a las normas ha provocado un paradigma de revanchismo y prepotencia permanente entre sus seguidores, los cuales terminan naturalizando actitudes realmente reprochables (tales como los controvertidos asados en la ESMA o el episodio de desacato a la autoridad provocado por Juan Cabandié frente a una agente de tránsito) pero que en última instancia lo único que ha logrado es quitar brillo a una agrupación de renombre internacional como madres de plaza de mayo.
Ese mismo discurso se muestra muchas veces en forma ambigua cuando haciendo alarde de una década ganada se prorroga una ley propia de un estado de emergencia económica, o cuando tratan de ocultar la realidad con estadísticas irrisorias emitidas por el INDEC. La política educativa actual sigue confundiendo calidad con cantidad, obligatoriedad con derecho a la educación, asistencialismo digital con alfabetismo digital, agudizando cada vez más la brecha entre la escuela secundaria y la universidad.
La política ambiental pareciera tener dos comandos: uno muy activo cuando se trata del problema de las pasteras con la república del Uruguay; y otro inútil cuando se trata de resguardar la salud de los conciudadanos fronteras adentro. Finalmente creo que no se trata de ver siempre el vaso medio vacío, sino que el día que no lo vea así, seguramente estaré pensando en retirarme definitivamente del aula, ya que el conformismo es el paso previo al fanatismo, y este es la negación del sentido crítico.
Fornerón Daniel
DNI 16958597
Profesor de geografía