El acto “en honor” a Sarmiento realizado hoy en General Pico es fiel reflejo del largo y difícil camino que ha recorrido el sistema educativo en las últimas décadas. Huelga utilizar más palabras para un diagnóstico de la situación desde la óptica periodística teniendo a la vista las reflexiones que hacen los propios docentes sobre sí mismos, su tarea cotidiana y las condiciones en que se sienten parados frente a la comunidad. Y esta comunidad, como muchas otras, está cada vez más apática e indiferente con respecto a la educación y los educadores. Al acto de hoy fueron sólo algunas de las personas que estaban, o se sentían, obligadas a estar allí.
Los actos alusivos a Sarmiento tienen cada vez menos público
Un puñado de funcionarios, algunos periodistas y fotógrafos, y unas pocas delegaciones escolares. Escasos padres. Y nadie más. También parecen estar relegados al pasado aquellos otros actos en los que el marco de público era otro, porque también eran otros el sentimiento hacia la educación, las expectativas depositadas en ella como combustible irreemplazable para la movilidad social, y el orgullo por formar parte de la comunidad educativa como maestros, alumnos, padres de estudiantes, etcétera.
Como mero ejemplo de todo esto que duele, en los actos (el de hoy, el del año pasado, el de hace dos años,…) cada vez menos personas recuerdan la letra del Himno a Sarmiento. Hubo una época (reciente y no tanto) en que ignorar algo así producía un escozor de culpa en los que se consideraban en falta. Hoy han adoptado la dudosa honestidad de permanecer impávidos y mirar hacia ningún lado como preguntando desafiantes “¿y qué?!”.