Entre la temeridad y la indolencia con que proceden los motociclistas que participan de las “picadas”, el nerviosismo creciente de los efectivos policiales destinados a acotar el problema, la ineficacia municipal para contener y conjurar la situación, y la indiferencia que roza la complicidad del Poder Judicial frente a casos claros de apología del delito, están dados todos los elementos para que se produzca una tragedia. No se trata de ser pájaros de mal agüero, ni de cargar las tintas sobre el lado oscuro de la realidad, ni mucho menos de ejercer el periodismo desde una perspectiva tan sensacionalista como cuestionable. Sí se trata, en cambio, de hacer desde esta página un aporte ineludible a un problema en el que ya está latiendo el germen de una posible tragedia. Por ahora es materia de discusión, de demasiadas palabras cuando lo que se impone es la aplicación estricta de la ley vigente,…. luego será tarde y sólo quedará lugar para lágrimas y reproches.
Vayamos por partes.
Hablar de aproximadamente 200 personas involucradas directamente en las picadas es hablar, no obstante, de un grupo minúsculo en comparación con la enorme cantidad de ciudadanos que cotidianamente se conduce en forma honrada y dentro de la ley. Los transgresores, aún cuando peligrosos, son pocos.
Pero hacen mucho ruido. Zumban en la medianoche con sus artefactos, alteran el descanso de los trabajadores, el reposo de los niños, la recuperación de los enfermos. Y son, en sí mismos, síntomas de una enfermedad social definida por la impunidad. Todavía más: Envalentonados por la parálisis estatal, se animan a escupir en el rostro de la comunidad de la que, paradójicamente, se benefician a diario. Corren picadas sobre el asfalto que pagan los mansos contribuyentes, está a disposición de ellos también un Servicio de Emergencias que sostienen los mismos bolsillos, y los aguarda, en el peor de los casos, un sistema de salud pública siempre preparado y eficaz para mitigar el dolor, reparar huesos rotos y dar tratamientos costosos y complejos para las víctimas de los accidentes.
En la noche del jueves último hubo “picadas” otra vez. La cámara de infopico.com registró parte de los acontecimientos. Los conductores se comportaron como era previsible, y los policías destinados a impedir o disolver la reunión empezaron a mostrar que están perdiendo la paciencia, iniciando algunas persecusiones. Y para completar el cuadro, los curiosos, los que fueron “a ver el kilombo”, a disfrutar morbosamente de la situación.
La “picada” de anoche fue precedida por la difusión de un comunicado oficial municipal que tiene mucho para ser cuestionado y nada para elogiar. No sólo deja a la población con la sensación de la impotencia, sino que se conforma con señalar que “es un deber de todos los ciudadanos respetar la ley de tránsito y preservar la vida”. Como si con esa amonestación bastara para poner las cosas en su lugar. Pero, por otra parte, el comunicado no está firmado responsablemente por ningún funcionario. El problema es lo suficientemente grave como para convocar a una conferencia de prensa teniendo en cuenta, como contraste, la cantidad de conferencias que son organizadas por la comuna para dar a conocer acciones para las que bastaría con una mera gacetilla.
Por otra parte, ¿hay algún fiscal disponible?
¿Cuánto más hace falta para que intervenga la Justicia “de oficio”, esto es, con la plausible intención y el clarísimo propósito de atender al bien público, además de evitar la comisión de transgresiones, y aún delitos, sobre las que sus autores han hecho publicidad previa?
Cada vez menos, pero aún hay tiempo…