Como en el juego del “gran bonete” nadie se hace cargo en forma neta del caos en que se ha transformado el tránsito vehicular en General Pico. La policía acompaña los operativos que realiza la comuna pero descarga el mayor peso de la responsabilidad sobre el asunto, precisamente, en el gobierno local. Y el municipio repite, desde hace mucho, “algo vamos a hacer…, estamos estudiando…, nos vamos a entrevistar con…”.
Varias veces por día, todos los días, hay víctimas del tránsito descontrolado en Pico
Desde que accidentalmente se hizo cargo del gobierno de la ciudad, hace un año, el profesor Juan José Rainone insistió en el armado o el refuerzo de estructuras institucionales para varios temas. El Consejo de Seguridad, cuyas reuniones presidió en ocasiones en otras épocas, fue una de ellas. Remarcó la idea de la integralidad del problema y la necesidad de atender a diversas manifestaciones de la inseguridad. Hablaba entonces del Tránsito, de la Seguridad Ciudadana, de las cámaras de vigilancia en la vía pública, de la participación de los sistemas de Educación y de Salud Pública, etcétera, porque “todos somos responsables del problema”.
Del mismo modo en que la sociedad asiste con asombro a la facilidad con que recuperan su libertad reconocidos delincuentes que reinciden en prácticas anti-sociales, los contribuyentes se preguntan por la eficiencia y la eficacia del municipio para prevenir y, sobre todo, sancionar a los conductores irresponsables e indolentes. Todas son, en definitiva, expresiones del mismo drama.
Salvo el manto de forzada tranquilidad con el que algunos discursos oficiales – en la provincia y la ciudad- pretenden cubrir la erupción de la inseguridad, a los vecinos los va ganando el escepticismo.
En paralelo con los delitos, que todos los días dejan el tendal de víctimas de asaltos, arrebatos y uso de armas blancas y de fuego, también las prácticas violentas e indolentes de los conductores de vehículos dejan su rastro de lágrimas y de sangre en las calles de la ciudad. Todos los días.
Ciertos episodios, en ocasiones, tienen un significado mayor que el que se les otorga en el momento y son advertencias de males mayores. El descaro y la indiferencia con que se expresó esta semana, públicamente, uno de los organizadores de las “picadas” con motocicletas son bofetadas hacia la comunidad y hacia las autoridades legítimamente establecidas.
Mal estamos, por mal camino vamos, y peor será lo que nos espera si no somos capaces de neutralizar a quienes atentan contra nosotros y nuestras familias, de distintos modos, hora tras hora.