Naldo Labrín y su elenco de músicos y cantantes brindaron un espectáculo sumamente cálido y emotivo, la noche del sábado 17 en el auditorio de MEDANO. Una apreciable cantidad de público acudió al encuentro de este conjunto que, por tercera vez, estuvo en General Pico. Los poetas de Latinoamérica siguen encontrando en Sanampay nuevos ecos, que amplifican sus palabras y les dan nuevas sonoridades y sugerencias, varias décadas después de haber sido plasmadas en distintas obras literarias.
Sanampay, en el escenario de MEDANO
Junto con la carga emotiva propia de semejante repertorio los espectadores supieron valorar la calidad interpretativa y la prolija presentación de cada tema. Y dándole cohesión al conjunto está, claro, la voz, la experiencia y la pasión musical de Naldo Labrín, que desde su trayectoria humana y artística tiene mucho para decir, y lo dice de un modo que siempre gana los corazones de quienes lo escuchan.
Desde 1977, año del nacimiento del conjunto, fueron cambiando varios de los integrantes. El elenco que actuó en General Pico estuvo integrado por Mariana Jolivet (voz–teclados); Marcelo Piñeiro (voz-cuerdas); Miguel Michelena (voz- cuerdas); José Luis Denda (guitarra-voz) Javier Chaparro (cuerdas – voz); Víctor Villegas (varios instrumentos de cuerda); Rodrigo Núñez (vientos) y Naldo Labrín (director, autor de los arreglos, guitarra y voz).
Al terminar el espectáculo, mientras los hombres y las mujeres que habían permanecido en las butacas empezaban a caminar hacia la calle y su carga de cotidianeidad, en ese espacio en el que va diluyéndose la magia de la música, pudieron escucharse los primeros comentarios. Había quienes ya conocían a Sanampay de otras oportunidades, y también estaban los que lo habían escuchado por primera vez. Unos y otros fueron unánimes en sus elogios, deseando un pronto reencuentro.
Cabe recordar que la actuación de Sanampay en General Pico fue organizada en forma conjunta por el Coro Polifónico “Ciudad de General Pico” y la Dirección de Cultura del municipio local.
Texto y fotos: Sergio Rossini