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Era hora… pero no alcanza



¡Por fin! fue el primer comentario que apareció en el face de infopico tras la nota sobre cierre de prostíbulos encubiertos. Y no es para menos. La Pampa está muy mal conceptuada respecto al tema. Y la Justicia Federal pampeana ha sido observada varias veces sobre su inactividad. Mientras tanto, a plena luz del día se sigue violando las leyes y tratando a las mujeres tan solo como un pedazo de carne para usar en esos sitios que no terminaron con el cierre de El Bastión y El Tío.

Momento en que demora a Viani, supuesto cabecilla de la organización. Ya fue liberado
Momento en que demora a Viani, supuesto cabecilla de la organización. Ya fue liberado

El cambio es cultural y lento, pero imprescindible, necesario y urgente a pesar de todo. Que jueces, políticos, policías, hombres vayan a lugares donde todo el mundo sabe que se promueve la prostitución “para divertirse”, es un escollo gigante para lograr  un mundo sin violencia de género.

Que quienes frecuentan esos lugares no puedan ver que del otro lado hay mujeres vejadas constantemente, humilladas, obligadas a cualquier cosa, violentadas en una relación de poder de quien paga, es sin duda, otro escollo gigante para llegar a un mundo sin violencia de género.

Que haya personas en la sociedad que crean que las prostitutas lo hacen porque les gusta y no logren entender que es tal el grado de violencia que sufren diariamente que la única opción es disociar cuerpo y mente y mentirse constantemente para sobrevivir, también es un escollo para cambiar la sociedad violenta con las mujeres.

Que haya niñas y jóvenes maltratadas desde pequeñas, humilladas, pobres, golpeadas en sus familias de origen, no valoradas como personas, obligadas a salir a trabajar en lugar de jugar y estudiar, es el caldo de cultivo necesario para que sean engañadas y terminen en un círculo de violencia infernal en los prostíbulos.

Que aún se siga creyendo que el hombre tiene que “descargar” en algún lado y los prostíbulos son lugares para ello, sin tener en cuenta que del otro lado hay seres humanos con derechos, es otro escollo para cambiar la situación.

Que sigan existiendo mitos como el supuesto erotismo de una relación en un prostíbulo, cuando lo que hay en realidad es una relación de poder y sumisión, con poco de sexual, nada de sensual, y mucho de violencia, también es un escollo para vivir en una sociedad con derechos para todos.

Algunos dirán: lo hacen porque no les gusta trabajar, lo hacen porque quieren, yo las escuché. La gran mentira en que viven las prostitutas tiene un freno: los hijos. Ninguna prostituta, aún hasta aquella que se jacta de vivir bien, permite que sus hijas sigan su camino, se desviven por hacerlas estudiar. La mentira se cae.

Como se cae cuando no pueden dormir sin empastillarse o cuando en cada allanamiento a prostíbulos se encuentra droga, o terminan sus días alcohólicas. Solo adormeciendo la cabeza, se puede sobrevivir en ese infierno.

La sociedad que ve en todo una mercancía, sostuvo durante mucho tiempo los mitos para justificar la violencia extrema a la que se somete una y otra vez a una mujer prostituta.

Pero aún hay hombres a los que poco les importa el sufrimiento de esas mujeres, que solo buscan someter, humillar, “descargar”. ¿Pensarían lo mismo si quienes están de ese lado son su madre, su hermana, su novia, su hija? ¿Seguirían sosteniendo la mentira?

Mientras esos hombres existan, difícilmente terminarán de cerrar esos lugares que en la historia de la humanidad pueden ser calificados como los infiernos de la peor esclavitud y explotación humana.