Entre las olvidadas de la historia oficial, una de las mujeres que hizo punta en los derechos de todos y todas fue Julieta Lanteri. La calle diagonal 117 bis lleva su nombre y ayer fue homenajeada.

El sencillo acto contó con la participación del grupo de tamboras de General Pico, además de algunos vecinos y concejales de la ciudad.
Paula Félix, del Movimiento por los Derechos de las Mujeres, reseñó la historia de Julieta Lanteri pionera del feminismo, la sexta médica en obtener su título en el país y la primera mujer que votó fue candidata en Latinoamérica.
“Para ella era habitual hacer todo al revés de lo que la sociedad de su tiempo esperaba de una mujer: madre abnegada, esposa sacrificada y ama de casa ejemplar. En una época en que muy pocas mujeres optaban por los estudios universitarios, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y se convirtió, en 1907, en la sexta graduada del país. “
“Saltó del espacio doméstico al ámbito público por un camino original que la diferenció del resto de las sufragistas. No eligió la acción directa, como las británicas, que por aquellos años incendiaban casas. Tampoco usó la estrategia de otras argentinas que pedían el voto dentro de los partidos tradicionales. ¿Por qué no se sumó a los socialistas, que incluían en su plataforma los derechos de la mujer?; porque era partidaria del libre pensamiento, una corriente en boga que se caracterizaba no por la afirmación de ideas determinadas sino por la obligación permanente en la búsqueda de la verdad, utilizando la inteligencia humana, la razón y la experiencia”.
“Para demostrar la inconsistencia de las leyes, desveló a los jueces con sus demandas en los tribunales; acudía a cuarteles militares para solicitar ser enrolada en el servicio militar y hasta logró votar en 1911, adjudicándose el privilegio de ser la primera sufragista en América Latina. ¿Cómo lo hizo? Buscando los intersticios de la ley: hizo la presentación judicial para ser ciudadana argentina y reclamó que se le reconocieran sus derechos como ciudadana, incluidos los políticos. Lo curioso fue que el fallo resultó favorable; aunque por poco tiempo, porque luego fue refrenado. Igualmente, ella ya había votado en los comicios municipales”.
“Fundó ó su propia agrupación: el Partido Feminista Nacional, y les pidió a los hombres que la votaran, porque la ley excluía a las mujeres de ejercer ese derecho, pero nada decía de que no se podían presentar como candidatas. Su campaña electoral, altamente progresista, incluía la licencia por maternidad y el subsidio estatal por hijo; la protección a los huérfanos; el sufragio universal para los dos sexos; igualdad civil para hijos legítimos y los conceptuados no legítimos; horario máximo de seis horas de trabajo para la mujer; jubilación y pensión para todos los empleados y obreros; abolición de la pena de muerte y divorcio absoluto, entre otras propuestas. sin embargo, lo que más nos llama la atención de su proclama, es la abolición de la prostitución reglamentada; la lucha contra la trata de blancas, tal como se denominaba antes a la trata de mujeres, y un salario igual para el trabajo equivalentes de hombres y mujeres. Sólo le faltó abogar por el aborto legal, seguro y gratuito, y su discurso podría ser leído casi textual como perteneciente a cualquier agrupación feminista de comienzos del siglo veintiuno”.
“Nunca renunció a sus convicciones”; recordó que “la tarde del 23 de febrero de 1932 fue atropellada por el auto que conducía un miembro de la Legión Cívica y dos días más tarde murió a los 59 años”, recordó Paula Félix en el homenaje que ayer ser realizó a una de las tantas mujeres invalorables de la Argentina, olvidadas por la historia oficial.
