Desde hace unos años, uno de los peores delitos que se pueden cometer, violar el cuerpo de niños y niñas, viene creciendo en las estadísticas judiciales. En febrero, ya hay pautadoa 14 audiencias de las cuales 5 corresponden a delitos contra la integración sexual.

No se conoce a ciencia cierta si aumentan los casos de delitos sexuales o las víctimas o sus familiares se animan cada vez más a denunciar en lugar de “lavar los trapos limpios en casa”. Probablemente las dos cuestiones sean causa de lo que desde hace unos años se viene dando en los ámbitos policiales y judiciales.
Más del 80 % de los victimarios son familiares, amigos, vecinos o conocidos de las víctimas. La mayor parte de los perjudicados son niñas en situación de vulnerabilidad, aunque también hay víctimas en otros sectores sociales.
El peor factor que atenta contra la Justicia en los casos de abusos es el manto de silencio que el abusador impone a la víctima a través del miedo. Por ello, dar a conocer las estadísticas y sobre todo los casos en que los hombres (y en mucho menor medida también mujeres) terminan siendo condenados y privados de su libertad.
La contrapartida es la gran cantidad de abusadores a los que se los condena a libertad condicional, es decir permanecen libres y siguen atemorizando con ello a las víctimas. Sobre todo en localidades como la nuestra o de menor cantidad de habitantes, donde encontrarse en la calle con alguien detestable tiene altísima probabilidad.
A fines del año pasado, unos once violadores estaban con libertad condicional o asistida caminando las calles de la ciudad.
Ante el relato de una niña o niño, no hay que interrumpirlo con preguntas, escucharlo atentamente, no dudar de sus dichos, no defender el supuesto honor o autoridad del abusador y buscar ayuda profesional. Las denuncias se pueden radicar en Comisaría Cuarta del Menor y la Familia (calle 40 y 25) o el Fiscalías (calle 9 y 22).
Y para prevenir este tipo de delitos, nunca hay que golpear a los niños (pues así se les enseña que cualquier adulto tienen autoridad sobre su cuerpo), siempre educarlos en el respeto por el propio cuerpo y su soberanía sobre él, y incitarlos a gritar y pedir ayuda ante una situación que sientan ofensiva.