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Diario de viaje regresando de Machu Pichu (14)



De la costa del Pacífico partimos hacia Calama, una ciudad minera y de allí, por el paso de Jama, ingresamos a Argentina. Horas y horas de viaje entre la nada del desierto de Atacama, un lugar de gran riqueza mineral que en tiempos pasado selló el destino de la economía chilena en parte dependiente, primero de Inglaterra y luego de EEUU. Terminamos en Purmamarca, un bellísimo poblado al pie de montañas multicolores.

Purmamarca, un pequeño poblado del norte argentino escoltado por montañas multicolores
Purmamarca, un pequeño poblado del norte argentino escoltado por montañas multicolores

Pasamos por el desierto más seco del mundo. Para ejemplificarlo, la ciudad capital de esa zona, Calama, tiene un promedio de lluvias anuales de 34 mm. Y de febrero a noviembre, solo cae en promedio 1 mm de precipitación mensual.

Pero la tierra que no tiene riqueza arriba, suele tenerla abajo. Y en esta zona casi inhabitable, Calama tiene unos 200 mil habitantes. Es una “ciudad dormitorio”, prácticamente sin niños ni ancianos, con mineros, prostitutas y cabarés por doquier.

Y nos ocurrió algo insólito: en varios hostales nos rechazaron porque solo alojan a mineros. Además, es una de las ciudades más caras e inseguras de Chile.

En el camino a Calama vimos carteles que señalaban zonas arqueológicas. Nos enteramos luego que hay varias comunidades originarias, aunque allí solo quedan viejos ya que los jóvenes emigran.

Y la zona, que es la nada de la nada, encierra una riquísima historia, muy parecida a la historia de Potosí, de Manaos y de otras ricas regiones latinoamericanas saqueadas por los de afuera.

A mediados del siglo XIX, el salitre fue el gran botín para fertilizar las gastadas tierras de Europa y evitar las hambrunas. Y justamente existe en gran cantidad en este desierto.

Era territorio sin importancia para la colonia, pero con ese descubrimiento lo empezó a explotar la oligarquía limeña (enriquecida en los siglos anteriores con la plata de  Potosí).

Chile buscó ponerle un impuesto a la explotación del salitre, y apoyado por Inglaterra inició la guerra contra Perú y Bolivia.

Mientras los hermanos peruanos, chilenos y bolivianos se masacraban en la guerra que duró 4 años, dos ingleses compraron a precio vil y con créditos de los bancos chilenos, los bonos con que Perú había pagado la expropiación de las salitreras.

Venció Chile, reconoció los bonos (que ya habían pasado a los fondo buitres) y el lugar se convirtió en una gran factoría británica (no había salido un solo peso de Inglaterra y era dueña de esa “mina de oro”).

El negocio creció y creció gracias a la mano de obra baratísima de los obreros chilenos vivían miserablemente y trabajaban 16 horas por día.

El monopolio inglés hasta se dio el lujo de derrocar a un presidente chileno, Balmaceda, cuando éste quiso nacionalizar las salitreras.

Llegó a haber 120 oficinas salitreras en la región y una red ferroviaria de la Nitrate Railways para transportar el mineral.

Pero un químico alemán descubrió como producir nitratos fijando el nitrógeno del aire, y la burbuja de prosperidad se rompió.

Hoy quedan las vías del ferrocarril inertes y los cementerios a la vera de la ruta. El cobre reemplaza al nitrato y los capitales norteamericanos a los ingleses.

Tras llegar a la frontera, el desierto fue dejando paso a la belleza del norte argentino, sin nitratos ni cobre entre sus venas.

Cruzamos la cuesta de Lipán, de una belleza increíble y llegamos a la zona de los salares, siempre provocando imágenes mágicas.

Llegar a Purmamarca fue todo una fiesta. Jóvenes en la plaza, músicos, artesanos y la calidez de un pequeño poblado arrumado por coloridas montañas.

Mañana cerraremos el relato de este viaje que surcó parte de nuestra América andina. Chau.

Nota: parte del relato histórico se sustenta en el libro “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano.

Montañas entre el paso fronterizo de Jama y Purmamarca
Montañas entre el paso fronterizo de Jama y Purmamarca

Camélidos americanos a la vera de la ruta
Camélidos americanos a la vera de la ruta

Cuesta de Lipán
Cuesta de Lipán

Kilómetros y kilómetros de desierto
Kilómetros y kilómetros de desierto

Viajar horas y horas sin ver una sola planta
Viajar horas y horas sin ver una sola planta