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Diario de viaje regresando de Machu Pichu (13)



En Perú nos quedaron aventuras por vivir, entre ellas la de llegar a las ruinas de Choquequirao, una ciudad incamás bella aún que Machu Pichu según cuentan los locales. Pero el «corralito bancario» nos obliga a regresar. Cruzamos la cordillera, viajamos a 4.700 metros sobre el nivel del mar, dejamos la selva subtropical y llegamos al desierto. Paramos en Arica, una ciudad costera al norte de Chile.

 

El Océano Pacífico en las playas de Arica
El Océano Pacífico en las playas de Arica

El paisaje del camino fue variando con el correr de las horas. De la selva subtropical a una estepa donde las montañas parecían alfombradas de verde. Pero siempre entre curvas y más curvas, entre subidas y pendientes pronunciadas.
Recorrimos cientos de km. escoltados por montañas con terrazas para cultivos preincas ya abandonadas, o tierras de diferentes colores.
Y tras pasar las altas cumbres, muchas de ellas nevadas, nos esperó el desierto, con su belleza inigualable, con la sensación de inmensidad y de soledad…  E increíblemente entre la nada, chacras verdes a la vera de algún río.
Allí se divisaban las comunidades, con sus casas de adobe y sus corrales. Se fueron raleando a medida que nos internamos en el desierto.
Y ya sobre la noche, tras una montaña apareció una gran ciudad, de más de 200 mil habitantes, con sus luminarias extendiéndose sobre el valle.
Nos sorprendió que en el medio de esa nada hubiera una población tan grande y pujante. Es eminentemente industrial y tiene una Zona Franca inmensa.
 También cuenta con atracciones turísticas como las momias más antiguas del mundo (de más de 10 mil años de antigüedad pertenecientes a la cultura Chinchorro), pinturas rupestres y los petroglifos (piedras con dibujos tallados), pero no podemos quedarnos.
Al día siguiente hicimos los 40 km que nos faltaba para llegar a Arica, al norte de Chile. Las cholitas y cholitas quedaron atrás, pero la influencia aimará y de otras etnias se mantienen.
Divisamos un gigantesco parque energía solar, planes de viviendas que serían un escándalo en nuestra sociedad ya que solo se componía de una pieza en un descampado…
El desierto nos siguió acompañando hasta divisar Arica, una ciudad costera muy grande, llena de turistas. Allí recalamos toda la tarde para descansar junto al mar, disfrutar del atardecer y partir mañana hacia Argentina. Nos toca atravesar el desierto de Atacama, el más seco del mundo.
Atrás van quedando muchas historias, costumbres, formas de vida, culturas e increíbles adaptaciones de los hombres a las exigencias de cada región. En un día pasamos de estar en un lugar húmedo, pisando islas flotantes sobre el lago Titicaca, a circular por el norte del desierto de Atacama. Y en cada lugar, los hombres y mujeres nativos adaptándose.
En dos días pasamos de los 4.700 metros de altura sobre el nivel del mar, a estar justamente en el mar. Dejamos también el frío y la humedad. Mañana pararemos en Calama y de allí ingresaremos a Argentina.

También frente al mar, el mate infaltable
También frente al mar, el mate infaltable

El centenario puerto en la tranquilidad de la noche
El centenario puerto en la tranquilidad de la noche

Atardecer en Arica
Atardecer en Arica

Tras dejar atrás la selva subtropical el paisaje se transformó en una gran alfombra en la montañas
Tras dejar atrás la selva subtropical el paisaje se transformó en una gran alfombra en la montañas

Llegamos a circular a 4.700 mnm entre altìsimas cumbres nevadas
Llegamos a circular a 4.700 mnm entre altìsimas cumbres nevadas

Más cerca del Pacífico, más desértico el paisaje
Más cerca del Pacífico, más desértico el paisaje

Y entre la nada del desierto, los vergeles creados por el hombre
Y entre la nada del desierto, los vergeles creados por el hombre

Aunque parezca mentira, un programa de vivienda social para los sin techo
Aunque parezca mentira, un programa de vivienda social para los sin techo