¡Y llegamos! Tempranito, a las 7 horas ingresamos al lugar. Impactante. Vimos la ciudadela bajo un cielo nublado, bajo un hermoso sol, envuelta en nubes y por último bajo una fuerte lluvia. Nos fuimos a las 15 horas con un recuerdo imborrable.
La subida en combi fue una preparación para lo que íbamos a ver, aunque desde el día anterior veníamos experimentando el estar entre montañas tan abruptas y una vegetación exuberante.
Aún siendo temporada baja, la cantidad de turistas que entran por día asusta. Eso sí, como argentinos que somos, celebramos el momento tomando mate mientras contemplábamos el lugar.
Las ruinas impactan y a algunas de nosotras nos provocó el imaginar la ciudad en su esplendor, con sus cientos de terrazas cultivadas, sus casas habitadas, sus utensilios, sus ornamentos de oro y plata, sus templos, sus rituales, su gente…
Es que Machu Pichu fue una ciudad donde la elite iba a aprender, donde se investigaba y se formaba a la clase dirigente.
Tiene 16 fuentes de agua transportada por un acueducto que la trae de un manantial ubicado a 800 metros del lugar. Por ello, se estima que vivían entre 400 y 500 personas.
Fue abandonada en 1532, cuando ya los españoles habían hecho estragos en muchas de las poblaciones incaicas. Nunca supieron de su existencia.
Está ubicada a 2400 metros sobre el nivel del mar, rodeada de una muralla de montañas y del río Urubamba y su construcción quedó inconclusa.
Se estima que tuvo una efímera vida de entre 100 y 120 años antes de ser abandonada. Y que fue un centro de conocimiento.
Antes de que el investigador de la Universidad de Yale, el norteamericano Bigman la descubriera en 1919, las familias del lugar conocían de su existencia y hasta algunas usaban las terrazas para sus cultivos.
Sin embargo fue el impulso y la financiación que puso esa universidad norteamericana para recuperarla, lo que hizo que termine siendo hoy una de las nuevas maravillas del mundo y patrimonio de la Unesco.
Recorrimos sus callejuelas, sus templos, sus viviendas, sus palacios… y en cada momento fuimos adentrándonos en una cultura en comunión con la naturaleza, donde la actitud no era dominarla para explotarla, sino conocerla para convivir en armonía.
La urbanización es perfecta. El sistema de drenaje de agua, que comprobamos perfecto ante la fuerte lluvia, las fuentes, las edificaciones en forma trapezoidal para evitar la destrucción de los terremotos, el pulido de las piedras de palacios y templos, perfectamente encajadas unas con otras, el lugar donde está emplazada, sobre el Batolito de Vilcabamba, compuesto por rocas intrusivas de 120 millones de años, todo está estudiado.
Los norteamericanos no hallaron oro en la ciudad, ya había sido saqueada seguramente por los lugareños. Sin embargo, se llevaron unas 3550 piezas entre cerámicas, momias y textiles. Y están en Estados Unidos, en Perú, solo quedaron las ruinas.
Más allá, de ello, el lugar, aún en ruinas, es imponente y no son pocos los que hablan de una cuestión energética muy especial. Astrónomos de todo el mundo estudian el exacto sistema del reloj solar que está emplazado.
Machu Pichu es impactante, el contorno, el aire, los cambios de luces durante el día… y quizás los enigmas que encierra la hacen aún más bella.
Llegamos a destino, pero el resto del viaje quizás nos siga deparando sorpresas. Finalmente y a pesar del “corralito bancario” que estamos sufriendo, volveremos por el oeste de Perú y el norte de Chile.
Y les seguiremos contando. Chau, hasta mañana.
Las viviendas eran de dos pisos
Tuvimos el privilegio de estar bajo la lluvia, con sol y entre las nubes mientras recorrimos el luga
Plaza donde se juntaba el pueblo para escuchar al curaca
Las terrazas donde cultivaban
Una de las 16 fuentes que proveen de agua al lugar