Y nos fuimos de Bolivia, un país encantador, con gente amable, con una gran riqueza cultural y paisajística. Pasamos a Perú y llegamos a Cusco, una ciudad incacolonial, donde se puede ver a cada paso las huellas del gran imperio y de la invasión española; una ciudad muy limpia, con palacios, templos y edificios públicos imponentes; cosmopolita en su turismo.
Parte de la plaza de Armas con la catedral y otra imponente iglesia
Llegamos poco antes de las 11 horas a la aduana boliviana peruana. Por minutos nada más pasamos tras hacer los trámites. Es que comenzaba una de las tantas festividades de estos pueblos. Cada primer domingo de mes, en una ceremonia que dura una hora, y durante la cual se cierra la aduana, se hizan las banderas de Bolivia y Perú. Fue otra muestra más de una cultura que privilegia costumbres y fiestas.
Casi a la fuerza el viaje viene resultando económico. Comemos por 15 pesos (en promedio), dormimos por 40 pesos, la nafta nos sale un poco más cara cuando no conseguimos que nos la cobren a un precio que no sea el turista (cuesta 9 pesos el litro para extranjeros y alrededor de 3 pesos para los bolivianos) y los gastos no suman demasiado.
Antes de salir de Argentina hicimos los trámites para operar con tarjeta de débito en el exterior por cajero automático. Incluso se nos entregó el ticket donde se confirma la operación y se nos dice que podremos operar normalmente.
Sin embargo, no hubo forma de que nos largara un mísero pesito. La mayor parte de nuestros ahorros para viajar están en el banco y no podemos sacarlos. Snif, snif. Habrá que acudir a algún familiar o amigo que nos preste y nos gire por Wester Union algo de plata.
Sobre todo porque al llegar a Perú nos encontramos con que nuestra moneda no vale nada, solo nos dan entre 25centavos y 30 centavos de soles por cada peso argentino. Es decir todo nos cuesta entre tres y cuatro veces más que en Argentina.
Ya estamos pensando seriamente en cambiar el itinerario de regreso y volver por Bolivia, en lugar de transitar cuatro días por Perú, dos por Chile y recién después ingresar a la Argentina.
En el viaje hemos ido conociendo a otros viajeros, aunque el hecho de no parar en ningún lugar, hace que los encuentros sean efímeros.
Lo que nos quedó claro hasta ahora, es que el dulce de leche que llevamos con nosotros, hace amigos. A todos les gustó, y hasta se nos acercaron a pedirlo cuando nos veían comiendo.
En cambio, el mate amargo, no logra atraer a nadie, parece que no es para nada popular fuera del Río de La Plata.
Volviendo a Bolivia, las comidas fueron todo un tema. La gente, en general, come en la calle y cocina en la calle. Es más, muchos restaurantes tenían la cocina en la vereda.
Claro que los platos que se ofrecían se reducían a tres o cuatro variantes de lo mismo que se cocinaban en un carrito afuera, para no llenar de humo el local. El arroz y las papas fritas, infaltables y muchas veces reemplazando a nuestro pan.
Y si hablamos de baños, no son comunes ni en restaurant, ni en locales comerciales. Viajar a Bolivia es fantástico, pero se debe tener la cabeza abierta a otras formas de organización, a otras costumbres, a otras comodidades.
La cultura boliviana resulta para los argentinos muy pintoresca. Las cholitas con sus vestimentas, sus largas trenzas terminadas en pompones, sus formas de cargar a los niños, de portar los sombreritos, de sentarse en cualquier parte y estar horas sin moverse…
Las formas en que se relacionan los hombres, con sumo respecto y distancia, también nos llamaron la atención.
Tanta cultura arraigada convive sin problemas con las nuevas tecnologías. Vimos a cholitas y cholitos usando celulares modernos y cultivando y criando ganado a la manera tradicional.
En los cinco días que estuvimos en Bolivia, observamos muchas comunidades agrícolas, con sus vestimentas, sus viviendas siguiendo patrones ancestrales, sus formas de cultivar sin tecnologías importantes, pero con sus cultivos impecables y sus animales domésticos. No vimos un solo alambrado, apenas pircas para mantener los animales.
Los tiempos de los bolivianos son diferentes, más lentos (¿será también por la altura sobre el nivel del mar en la que viven?), más relajados. No vimos un solo consultorio de psicólogo pero sí observamos muchísimos de dentistas.
Cuando pasamos a Perú se fueron notando de a poco los cambios, no solo de paisaje (más verde y más lluvioso) sino también en cuanto al tránsito. Las rutas están tan buenas como las de Bolivia pero cuentan con señalización vertical.
Llegar a Cusco fue impresionante. Es una ciudad hermosa, con callejuelas muy angostas, casas coloniales edificadas sobre los palacios y templos de los incas.
Nos contaron que su origen puede datarse en 7 mil años atrás, aunque nadie lo puede testimoniar. Es que desde hace muchísimos años comunidades de pueblos originarios construyeron sus viviendas en este lugar.
Los incas establecieron en el Cusco su centro administrativo, político y religioso y los españoles invadieron el lugar , destruyeron todo lo que pudieron de la cultura del imperio quechua (es la denominación correcta en lugar de la incaica) y sobre los escombros edificaron sus casas, templos y edificios públicos.
En la parte más antigua de la ciudad se ven entonces las piedras propias de las edificaciones incaicas y encima de ellas, las casas coloniales de los españoles, donde primaba el sincretismo ya que se observan elementos del de los moros, de los italianos, de los franceses… entre otros estilos.
La plaza central y los edificios que la rodean resultan imponentes. Y constantemente hay un pulular de turistas de todas partes del mundo. Acá nos quedaremos unos días, a pesar del cambio de peso que… nos pesa.
Mañana iremos a Aguas Calientes, pasaremos allí la noche y al día siguiente abordaremos Machu Pichu, pero no nos llevaremos la compu. Así, que probablemente nos volvemos a encontrar en dos días. Chau, nos vamos a comer a uno de esos encantadores rincones adaptados a restaurantes entre las callejuelas de Cusco.
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Las encantadoras callejuelas de Cusco
Otra vista del centro de Cusco
Para el 6 de enero, en numerosos balcones se colgaron muñecos representando a los reyes magos
En las afueras de Cusco y rodeando el sitio arqueológico Sacsayhuaman
La gente vestida de gala se prepara para la ceremonia en la frontera boliviana peruana
El camino, siempre con paisajes imponentes