Por Claudia Giacobbe
Partimos en un auto chico del siglo pasado, motor 1.2, pero confiados en que vamos a llegar. La ruta surcará parte del norte argentino, pasará por Bolivia hasta llegar a Cusco y regresará por Chile. De a poco nos vamos a ir adentrando en una historia latinoamericana que pervive gracias a ese incansable tesón de los despojados de no permitir que le roben el alma de su cultura. Vamos a intentar compartirla.
Un amigo hizo el viaje el año pasado en un Dodge 1500 mod. ‘85 y hay otros aventureros que ya traspasaron la ciudadela incaica y van rumbo a Alaska en un Renaul 4L. Así que la confianza y la buena estrella nos acompaña.
El primer día el tirón fue el más largo, desde General Pico hasta Tucumán. Los cuatro nos vamos turnando para tomar el volante. El mate constante y una alforja con chorizo casero y quesos saborizados de Larroudé son una buena compañía. La buena música, esa que nos lleva a lugares increíbles, que nos hace vibrar, llorar y amar, es la otra compañía indispensable.
Todo marchaba sobre rieles hasta llegar a Recreo, en Catamarca. El termómetro marcaba más de 40 °C y una larguísima caravana de vehículos inmóviles cubría kilómetros de ruta. Bajamos del auto, caminamos entre el sol implacable y el asfalto abrazador. Llegamos al origen de la situación: un piquete que cortaba la única vía para seguir hacia Tucumán.
Nos pusimos a charlar: hace más de un mes que la población de Recreo no tiene una gota de agua y los funcionarios nada han hecho para resolver el problema. Un lugar donde la sensación térmica llega a 50°C, desértico, casi sin sombra y ¡sin agua! Tras unos cuarenta minutos de espera abrieron el paso y seguimos viaje. Aprovechamos para descubrir ese otro pedacito de Patria tan alejado para nosotros.
Tierras yermas, ni agricultura ni minería, solo cabritos y fábricas, muchas y grandes fábricas para dar fuentes de trabajo a una comunidad de 20 mil habitantes gracias a programas de fomento industrial. La parada fue un reflotar en la actualidad una historia de más de 500 años de despojos, de abandono de las mayorías silenciosas y sufrientes. Pero también de luchas y empujes.
Continuamos hacia Tucumán, el jardín de la República pero también un horno insoportable durante el verano. Solo hicimos noche. El destino queda demasiado lejos como para detenernos en un lugar lleno de historia del país y de historias para contar. Dejamos de lado lugares increíbles para conocer, Tafí del Valle, Cafayatte, Amaicha del Valle, Salta la linda y su increíble Museo Arqueológico de Alta Montaña (reconocido en el mundo entero)… pero seguro habrá otra oportunidad.
En la ruta, los cementerios con tumbas humildes pero pintadas de colores y llenas de flores de plástico y papel nos hablan de una concepción diferente de la muerte.
El asfalto con restos de gomas quemadas de piquetes pasados, nos hablan de una pueblo en lucha, con avances, retrocesos, traiciones y heroísmos.
Y las montañas, con sus colores y su magnetismo, con sus cardones como custodios milenarios, nos hablan de la sabiduría y belleza de la naturaleza.
El segundo día nos recibió Tilcara, su gente, sus músicos, sus fiestas populares, sus sitios arqueológicos y un sinnúmero de andariegos de diversas partes del mundo.
Desde la tarde y ya muy entrada la noche la ciudad, de unos 7 mil habitantes, se ve surcada por grupos que van bailando el carnavalito al ritmo de los tambores y llevando un pesebre en andas.
Nos enteramos que desde el 25 de diciembre y hasta el 6 de enero, cada barrio recorre las calles de la ciudad con el pesebre. Para una comunidad que vive en un sitio único en el mundo, la Quebrada de Humahuaca, con más de 300 fiestas populares por año, bailar y salir a la calle a encontrarse es casi una situación cotidiana.
El pucará es uno de esos lugares imperdibles, y más si nos quedamos cuando ya todos se fueron y podemos disfrutar del atardecer.
Nos cuentan que hay unos 22 lugares similares en la zona pero solo ese ha sido en parte reconstruido. Puede hacer calor en el ambiente, que adentro de cada casa está apenas templado, puede anochecer y bajar la temperatura de manera estrepitosa y esas chozas de piedras, cardones, cañas y barro siguen apenas templadas.
El trazado de las callecitas internas, de los corrales, del cementerio, del lugar de ceremonias, todo nos descubre una comunidad unida, cercana unos a otros.
Volvimos a Tilcara. La plaza y sus artesanos, los hosteles, los lugares para comer, las vendedoras en la calle de tortillas de queso y jamón, las casas de piedra y arcilla rojas, las calles sin trazado regular, las aceras pequeñísimas, los cardones por donde se mire… todo es encantador. Y la noche se llena de músicos y de baile en cada rincón. Y bailamos y nos divertimos. Lástima que no podemos tomar una gota de alcohol, mañana temprano hay que volver a agarrar el volante. Y les seguiremos contando la historia.
Desde un cielo increíblemente bello y un paisaje cultural como la Quebrada de Huamahuaca, nos despedimos hasta mañana.
-Parte nº1- -Parte nº2- -Parte nº3- -Parte nº4- -Parte nº5- -Parte nº6- -Parte nº7- -Parte nº8- -Parte nº9-