Fue un incansable luchador por el regreso del tren de pasajeros y un gremialista que no sucumbió a las traiciones de la dirigencia nacional ni a los espejitos de colores que se vendieron en la década de los ’90. Falleció tras una descompensación cardíaca el 24 a la noche.

Juan Carlos Tineo nació en una familia ferroviaria, su padre fue un importante dirigente y de pequeño se formó en las ideas del peronismo sindical. Vivió y murió pobre, denunciando el vaciamiento del estado y reclamando por un país sin privilegios para unos pocos. Fue un hombre íntegro, con aciertos y errores, pero coherente e idealista hasta sus últimos días.
No hubo lucha ferroviaria que no lo tuviera en sus filas. Junto a los ferroviarios de la región llevó adelante la lucha para evitar que el tren de pasajeros dejara de correr. Denunció a los dirigentes nacionales de traidores y corruptos. No tuvo «pelos en la lengua».
El tren de pasajeros finalmente dejó de correr a principios de la nefasta década de los ’90, y siguió luchando. Motorizó una movida importante en reclamo de ese servicio. Fue tomada su propuesta por el candidato a presidente Néstor Kichner en el año 2003 y el país se empapeló con la promesa electoral de la vuelta del tren.
Volvió a sufrir un dolor más en sus ideales, pero aún así siguió apostando a los movimientos nacionales y progresistas y en los últimos tiempos se lo vio cerca del kichnerismo. Sus banderas siguieron siendo la de un país con inclusión y un ferrocarril que aportara a la misma. Vino de una buena escuela, se fue sin nada material, pero con un millón de luchas y amigos en su historia.