Según la estadística provista por la U.R. II, del 1 al 24 de diciembre, 27 menores de edad fueron imputados en causas judiciales por robos, hurtos, amenazas, lesiones y daños. Además, 16 cometieron delitos contravencionales.
Los menores están en riesgo y no es una novedad. Y ponen en riesgo a parte de la población y tampoco es algo nuevo. Quizás los números asusten.
Tendrían que estar en una pileta con amigos, jugando al fútbol y al hockey, tomando mate en grupo, chateando y conociendo gente, probándose ropa en casa de amigas para ver que se van a poner el fin de semana, leyendo algún comics o revista para adolescentes, planeando vacaciones o tantas otras actividades.
Pero quizás no tuvieron las oportunidades, quizás la rechazaron por rebeldía, quizás las broncas y resentimientos ante una vida adversa pudieron más, quizás la discriminación fue horadando la confianza y no ven nada que valga la pena, quizás la violencia fue tallando sus vidas, quizás …
¿Qué pasó? Es difícil responder con certeza pero lo cierto es que en lugar de estar disfrutando su adolescencia, sufriendo y riendo con intensidad, están aterrando gente, escondiéndose, jugando con el peligro, agarrados por la policía, demorados y notificados a sus padres (cuando los encuentran o cuando hay algún adulto que se responsabilice), están pasándola mal y haciendo pasar mal a quienes deberían ser sus hermanos.
Además de las estadísticas del mundo del delito, en estos 24 días hubo 9 menores de edad que se escaparon de su casa y fueron restituidos; tres que fueron institucionalizados y 3 a los que se les impuso horario de salida de su hogar. Hay una infancia y una adolescencia que en estas fiestas se divirtió con primos y amigos, abrió regalos, se reencontró con familiares, salió a divertirse… hay otra que no.