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La muerte de Sofía, ¿una cuestión de inseguridad?



Sofía salió ese 31 de agosto a vender productos de panificación como todos los días, casa por casa. Caminaba por la calle 29, tocó timbre en la vivienda  N° y le abrió Juan José Janssen. Le dijo que le iba a comprar algo, que pase. Sofía entró sin saber que iba directo a la muerte. Janssen la violó y la mató. ¿Hubiera ocurrido si en nuestra ciudad hubiera habido ese día 3000 policías en la calle? Sí, la tragedia de Sofía no tiene que ver con la inseguridad, tiene que ver con otra cosa. Y mientras no seamos capaces de desentrañar sus causas, la muerte de la niña habrá sido en vano.


No importa si en Pico hay 30 o 3000 policías, si hay cincuenta cámaras de vigilancia o no hay ninguna. La muerte de Sofía tuvo que ver con otra cosa. Aunque sea más fácil echarle la culpa a la inseguridad y tratar de apaciguar los ánimos con 30 efectivos y la implementación de cámaras de seguridad.

La muerte de Sofía tiene que ver con cientos de años de cultura machista, de cultura donde el cuerpo de la mujer es objeto del deseo y del poder del hombre. Y en esa cultura se inscribe nuestra sociedad, nuestra Justicia y nuestra Policía. Pero el problema más grave no es eso sino la naturalización de esos patrones culturales.

En General Pico, entre nosotros hay 11 violadores condenados pero libres. Están con libertad asistida o condicional. Es que para la Justicia el que hayan violado el cuerpo de una mujer, de una niña o de un niño no es tan grave como por ejemplo, haber causado destrozos en el Palacio de Tribunales. Los actos vandálicos en el edificio de calle 9 y 22 son injustificables, sin duda, pero por ello hay 12 muchachos presos y le podría caber una condena de 5 a 8 años de prisión.

En cambio, once hombres que cometieron abusos sexuales y fueron condenados por ello, están suelto. ¿Cómo se entiende? Solo si se analiza en qué forma la cultura machista de cientos de años está naturalizada en los actos cotidianos y en los actos públicos.

Los delitos contra la integridad sexual permiten un acuerdo de juicio abreviado, permiten la excarcelación, la libertad condicional y otros beneficios para el victimario. A veces, hasta más beneficios que cuando el delito es contra la propiedad.

Un caso emblemático ocurrió hace unos 20 días. Un parapsicólogo fue condenado a 6 años de prisión por violación de una paciente. Su abogado apeló y el Tribunal de Impugnación Penal cambió la carátula por lo que la pena se redujo a dos años en suspenso. Se apellida Miguel Ángel Massera y tiene libertad para andar por donde quiera.

Hay muchos ejemplos y por ello once violadores sueltos entre nosotros. Pero otro caso conocido es el de Federico Hernán Santos . Abusó sexualmente de un niño de 5 años obligándolo a practicarle sexo oral. La Justicia lo condenó pero lo dejó libre, y hoy pasea en su bicicleta frente al Jardín de Infantes de la víctima.

Ha habido incluso casos donde se obligó a un careo entre la víctima y el abusador, algo prohibido por ley. Uno de ellos, por ejemplo, involucra a un conocido conductor de radio y un juez que está con licencia médica. Pero no es el único.

Hace dos años la Cámara de Diputados de La Pampa aprobó la ley de creación del Registro de Violadores. El Ejecutivo no la reglamentó aún y la Procuración General no la implementó. No exigía grandes erogaciones presupuestarias ni mucho menos, solo conciencia de que un violador es alguien peligroso para la sociedad porque es el ejemplo extremo de una matriz cultural que no respeta el cuerpo de la mujer o los niños, solo porque son mujeres o niños.

Pero eso no se analiza. No se reflexiona sobre por qué hombres y mujeres de la Justicia actúan así, porque la policía consideró que no era necesario investigar a Janssen, aun conociendo sus antecedentes ya que se estaba portando bien. Está naturalizado y es necesario desentrañarlo.

Por acción o por omisión, se siguen avalando actitudes machistas, es decir actitudes que significan valorar menos el cuerpo de una mujer que el deseo de un hombre. La tarea es ciclópea y lenta, pero historias tremendas como la de Sofía, pueden acelerar el necesario cambio para que vivamos mejor.