El 107º aniversario de nuestra ciudad nos encuentra conmovidos hasta límites a los que nadie imaginó llegar. Los últimos tiempos han convertido este rincón amado en una caja de desagradables sorpresas. Hoy deberíamos pedir perdón a aquellos que fundaron General Pico, que dejaron su sangre y su vida por este terruño y que días como hoy esperaban festejar tanto esfuerzo y tanto amor por el pago chico.

Lejos estamos de los que ponían el hombro creyendo que todo se puede, de los que con actitudes altruistas sumaban granitos de arena para hacer una ciudad que fuera luz en la pampa norteña y lucharon contra el viento, el médano, la ceniza, la sequía, las economías adversas.
Estamos lejos, y no es una cuestión temporal, es una cuestión de actitud: ya no tenemos el cariño por la ciudad que tenían los hombres y mujeres de antes, es más, ya casi no tenemos cariño por nada de lo que es de todos los piquenses, nuestra ciudad.
Una ciudad, un pueblo o cualquier tipo de zona en particular se diferencia de los demás no solamente por su estructura edilicia o su belleza natural, una ciudad se diferencia de otra por su gente, por sus costumbres, por su cultura y por el apego que tenga a lo propio o no.
Entonces, si una ciudad es su gente, General Pico somos todos y por eso somos conocidos vayamos donde vayamos como “piquenses”, en consecuencia como pueblo somos dueños de nuestro destino pero también responsables de lo bueno y lo malo que como sociedad engendramos, permitimos, negamos o dejamos crecer.
Estos últimos tiempos han sido muy difíciles hasta llegar a esta última semana que será recordada por la mayoría como la más violenta de la historia de General Pico, pero sobre todo la más triste de los 107 años que hoy cumplimos como pueblo.
Pero lo que nos sucede hoy no empezó hace dos meses cuando comenzó esta tragedia que fue la muerte de la menor Sofía Milagros Viale, esto viene de antes, de mucho antes, tal vez desde el momento en que sin darnos cuenta fuimos dejando a unos pocos el manejo de la ciudad, fuimos ocupándonos solamente de lo individual y dejando de preocuparnos por la sociedad en su conjunto.
Hace rato que la violencia esta instalada en nuestro medio, citar a Carla y ahora a Sofía es lo mas grave, pero también hay un numero en aumento de violencia doméstica o de género, sexual, delictual y de absoluto desapego a las normas elementales de convivencia como pueden ser las actividades nocturnas o el tránsito por las calles de la ciudad.
En otro orden no hace mucho tiempo tampoco, quien era el Intendente, un buen día decidió renunciar sin siquiera avisarle a los suyos y hasta el día de hoy no dijo porqué lo hizo ¿y nosotros que hicimos?: nada.
A todo esto nos hemos ido acostumbrando y estamos donde estamos con la gota que colmó el vaso, pero que es justamente eso una gota nada más.
Todos los pueblos que han resurgido de sus cenizas lo han hecho porque comprendieron que estaban en el fondo y que solo quedaba subir. Nosotros como comunidad deberemos comprender que estamos tocando fondo y que tenemos que empezar a tirar juntos de nuevo como lo hicieron hace 107 años los pioneros de la foto que ilustra esta crónica. La realidad indica que es nuestra responsabilidad también porque ni los buenos ni los malos nacen de un repollo, salen de nuestra propia sociedad, son producto de nuestra propia manera de ser.
Es muy duro y muy triste lo que nos está pasando. Lo que Janssen hizo no tiene ni tendrá explicación racional, tal es así que no lo quieren en ningún pueblo de La Pampa ni preso y es el peor ejemplo de piquense que pueda existir, pero no perdamos de vista que aunque fuera el único malo de la ciudad, vivía acá, entre nosotros. También están entre nosotros quienes debían impedir que Janssen ahora o Tomaselli antes hicieran lo que hicieron.
Es hora que “pongamos las barbas en remojo” y empecemos a trabajar como sociedad, a pensar como sociedad, a participar como sociedad y a exigir como sociedad…a aquellos hombres y mujeres de 1905 se lo debemos y para con los piquenses del mañana tenemos la obligación de mejorar esta ciudad porque serán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos quienes la habiten…