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¿Cuándo vamos a dejar de tener Sofías Viale?



No importa si hay mil policías en la calle o solo cien. Los casos como el de Sofía van a desaparecer el día que nuestros niños y niñas no tengan que estar vendiendo cosas en la calle, el día en que jueces y fiscales crean a las niñas y mujeres que denuncian abusos sexuales u otro tipo de violencia y meriten esos delitos como corresponde, el día en que los policías dejen  de pensar “inocentemente” que un violador que se porta bien no debe ser investigado; el día en que la sociedad entera deje de ver y de permitir que se vea a las mujeres y las niñas como objeto de deseo y que las considere de una vez por todas sujetos de derechos. Ese día, no vamos a tener que llorar la violenta muerte de una de nuestras chiquitas.


Tras el macabro hallazgo del cuerpo de Sofía, la reacción de funcionarios, policías, comunicadores sociales y sociedad en general fue dispar. Sin embargo, gran parte apuntó al tema de la inseguridad y para reforzar esa idea priorizó los actos de vandalismo de unos muchachos por sobre la cuestión central: una niña violada y asesinada.

Una de las cuestiones más graves son las acusaciones de jefes policiales contra la justicia (¿y viceversa?)  El subjefe de la Policía de La Pampa, Comisario General Juan Domingo Pérez dijo que la justicia no le había librado la orden de allanamiento para investigar en la casa de Janssen. El fiscal Héctor ABerásturi salió a desmentirlo, afirmó que nunca nadie le pidió orden  de allanamiento para ingresar en esa macabra vivienda. El jefe de la Comisaría Segunda, Comisario Mauro Bertone, sostuvo que conocían a Janssen y sus antecedentes pero como se estaba portando bien  no consideraron necesario investigarlo. Solo en este intríngulis descripto el análisis que se puede hacer es gravísimo. ¿A qué se está jugando? ¿Dónde está la verdadera intención de lograr que la muerte de Sofía no sea en vano?

Los actos de vandalismo no son justificables, sin duda. Pero, ¿son tan importantes como para perder de vista que el hecho aberrante fue la muerte violenta de una chiquita? ¿Por qué entonces, se hace apunta a ello y se olvida el trasfondo patriarcal del accionar de los efectores del estado (policías, funcionarios judiciales, etc)? ¿Qué tan inocente es esta “vuelta de tuerca”?

La Justicia merece un párrafo entero. ¿A cuántos ladronzuelos en libertad condicional cuando vuelven a cometer algún ilícito contra la propiedad privada los meten presos? A todos. ¿Por qué un violador que estaba en libertad asistida, con tres denuncias posteriores de abusos sexuales, estaba libre? La respuesta seguramente está en que no se cree a las mujeres cuando denuncian violencias, no se cree en la gravedad de un abuso sexual aunque sea simple, no se cree que el cuerpo de la mujer y su integridad sea tan importante como para resguardarlo de los depravados.  ¿Quién puede dudar de que en este tipo de accionar no se reflejan cientos de años de cultura machista?

La forma en que el fiscal Carlos Salinas se expresó ante el caso Sofía Viale restándole toda importancia es el reflejo de una justicia sin perspectiva de género. Y no es cuestión de cargar tintas tan solo en los funcionarios judiciales. Ni policías, ni jueces ni fiscales vinieron de Marte. Son parte de una sociedad, de una cultura que elogia a programas televisivos donde la mujer es solo objeto, donde aún se duda de la palabra de una víctima de violencia, dónde aún se pone en tela de juicio a la mujer violada, dónde aún se preguntan cuán provocativa habrá sido para que el hombre la viole.

La cuestión de la inseguridad, de la inoperancia de los efectores del estado, de los políticos, etc. no son aristas que se ponen en duda, pero la lente de la cámara a través de la cual miramos los hechos, tiene que estar bien enfocada.

Hay una cuestión cultural muy arraigada aún, difícil de desentrañar porque está naturalizada o invisibilizada pero que es el sustrato necesario para que tengamos Sofías Viale o Carlas Figueroa.