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Consuelo de tontos



Suceden tantas cosas en nuestra ciudad que uno no sabe si reír o llorar, asumiendo que a uno no le pasó nada malo, porque seguramente la creciente suma de damnificados en diversos delitos esta mas cerca del lagrimón que de la carcajada. Aun el que mira objetivamente –si es que se puede– no termina de sorprenderse.


Crece la cantidad de hombres que abusan de menores, en las parejas violencia de género, las mujeres ahora roban casas, autos o kioscos y los menores se llevan cuanto se le pone delante, sin miramientos y con total desparpajo. Los casos sucedidos y esclarecidos por la Comisaría Segunda le dan crédito a esta crónica, pero lo mismo sucede en otros sectores de la ciudad.

Por un lado dos menores llevando una moto de tiro por la calle en la madrugada, otro que se detiene frente a la Comisaría en una moto robada a esperar un amigo, esto podría hacernos esbozar una sonrisa, pero al dueño de la moto no creo.

El tercer caso ya es mas complicado, por no decir muy grave: un menor adulto (17) años es demorado cuando se cae en una persecución tratando de escapar de la Policía en una moto robada, su cómplice escapó tirándose de la motocicleta en movimiento, pero no queda ahí el asunto. El demorado tenía en su poder elementos que habría sustraído de una vivienda a cuadra y media de la Comisaría Segunda, en pleno día, las cuatro de la tarde aproximadamente.

Hasta ahí es una cuestión, que aunque nos pese, es bastante normal enterarse en los tiempos que corren. El detalle que agrava la cuestión es que para hacerse de estos elementos, este menor adulto primero desarmó el pasacassetts, radio o como quiera que se llame el sistema de audio de un vehículo del damnificado que estaba estacionado frente al inmueble, lo dejó en el tapial e ingreso a la casa, estando la dueña de la misma adentro y sin que esta se percatara.

Con total tranquilidad este menor se metió en el dormitorio y comenzó a revisar buscando dinero, joyas o algo que le interesara. Encontró un cuchillo que los dueños tenían guardado en una caja, en esos momentos ingresó a la habitación el propietario y con el arma que había tomado el menor adulto amenazó al hombre y se fue del lugar llevándose un par de relojes y algunas alhajas según dicen. En su camino de salida de la vivienda empujó a la esposa del damnificado, tirándola al piso, suerte para ella que solo sufrió algunos raspones y no otra herida peor, aunque la herida a nivel psicológico seguramente tardará en sanar, si es que sana.

Por supuesto que esperar de los padres de este menor –o de cualquiera de los tantos que a menudo “visitan” la Comisaría Cuarta– corrijan este tipo de actitudes peligrosas es una quimera, pero a nivel de justicia que es quien nos debe cuidar como sociedad, ¿que se hace, cual es el mensaje que llega al vecino?.

Hace no mucho una mujer que cometió dos delitos salió de la Comisaría (por el formato garantista del nuevo código o la interpretación de los fiscales) y a la hora ya estaba cometiendo otro delito; hace menos tiempo un hombre acusado de cometer delitos contra la integridad sexual y al que se le había pedido siete años de prisión finalmente le aplicaron tres años en suspenso, es decir que ¿era culpable pero no tanto?. Ayer mismo, cuando los delitos supuestamente cometidos por el menor en cuestión se estaban investigando, se aplicó una condena de tres años en suspenso a un hombre acusado de cometer tres robos simples, dos tentativas de robo simple y tres hurtos simples (aclaro que lo de simple es para la ley solamente, porque para el que lo sufre tan simple no es).

Por supuesto que los organismos que deben hacer seguimientos para establecer que las personas que dan un mal paso se recuperen, brillan por su ausencia. De asistir a la víctima, mejor ni hablemos, y las familias de aquellos que delinquen parece que no existen.

Cuando uno se pregunta o les pregunta a los funcionarios judiciales todos responden que hacen lo que la ley prevé, hasta el Dr. Flores dijo que hizo lo correcto en el trágico caso de Carla Figueroa, entonces: ¿quien tiene la respuesta?, ¿el gran bonete?.

Si todos sabemos que algo esta mal, y no es por parte de la policía o de la justicia (según ellos) entonces será de los legisladores la obligación de aportar soluciones; ahora ellos (los que legislan) ¿no leen los diarios, no escuchan la radio, no ven televisión? ¿No se enteran de que hay que hacer algo, cambiar o modificar las leyes, o darle otro marco a estas cuestiones para cambiar aunque sea un poco la historia?, ¿Dónde están esas mentes brillantes rodeadas de asesores que discuten y discuten como si fuera el deporte nacional pero de soluciones aportan poco?.

Mientras tanto, usted, yo y todo el barrio coloca rejas, controles satelitales, botones antipánico y va por la calle mirando de reojo a los que le pasan cerca. Luego cuando padece los delitos como tantos otros se va conformado con aquello de “que nadie esta a salvo”, bueno, tal vez algunos se salvan, no es muy común enterarse que le robaron al Dr. fulano o al funcionario sultano, ¿o me equivoco?.

Lo peor que nos puede suceder como integrantes de una sociedad es simplemente acostumbrarnos a la idea de que el algún momento vamos a ser víctimas, que no podemos evitar que nos pase como a todos o que de última vamos a un psicólogo o a un psiquiatra para que nos recete una pastillita que nos quite de la cabeza el trauma de haber encontrado en nuestra propia habitación un tipo con un cuchillo en la mano, como tampoco esta bueno consolarse pensando que en otros lugares es igual o peor, porque ahí si que encajamos perfectamente en aquel dicho de que “mal de muchos es consuelo de tontos”…