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Construyen desde el conocimiento y para la escuela



Los alumnos de la Escuela Zampieri y Quaglini construyen bancos y divisiones de espacios necesarios para el funcionamiento de la institución, cocinan 300 raciones de torta por día para el refrigerio, hacen percusión, participan en talleres de canto y percusión o de muralismo, además de aprender lo que curricularmente se exige y contar con el apoyo escolar en las distintas materias. El resultado: refuerzo de la identificación con la escuela, de la autoestima y del valor personal y grupal.


A los alumnos se les ofrecen en contraturno diferentes talleres a los que eligen voluntariamente asistir con la obligación de continuarlos durante el año lectivo. Pueden optar por carpintería, cocina, percusión, muralismo o coro y vocalización.

La directora de la escuela, Silvia Petitti, explicó que los talleres se formaron a partir “de la reestructuración del PEI (Proyecto Educativo Institucional), ya que consideramos que además de los espacios institucionales, era importante que los chicos pudieran venir en contraturno a una serie de talleres en función de optimizar recursos, ya sea por el programa nacional Plan de Mejores y de los EOI (Espacios de Opciòn Institucional) que tienen algunos docentes”.

Los tres grupos de cocina se encargan de cocinar las 300 porciones diarias de torta para que sus compañeros coman en el refrigerio del recreo. “Tiene una cuestión de solidaridad, de cooperación. –explicó Petitti- Y no solo eso, estamos gastando tres veces menos de lo que el Ministerio de Educación otorga para la factura o el pancito.” La escuela ya contaba con un horno industrial y adquirió este año una batidora industrial  para la tarea. Tanto varones como mujeres eligieron el taller de cocina y con entusiasmo producen cada martes, miércoles y jueves.

Los chicos del taller de carpintería ya han hecho el espejo para su pieza, la mesita para la computadora, percheros, 8 bancos que se ubicaron en las galerías para utilizar en los recreos y están armando una división para acondicionar una nueva sala. A diferencia de lo que suele ocurrir, los bancos que construyeron los chicos están impecables, no tienen un solo rayón.

Cuando toman conciencia de que con su trabajo grupal fabrican las tortas que comen diariamente sus compañeros, que son capaces de construir objetos útiles, que tienen la posibilidad de expresarse en las paredes en forma colectiva, o en ritmos o cantos, los chicos cambian de actitud.

“Son otros cuando salen del aula, más allá de que tienen que respetar ciertas normas, usar cierto vocabulario, tener ciertas medidas de seguridad… trabajan distinto, con otra disponibilidad. Realmente están disfrutando de los talleres”, afirmó la directora.