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El fuego que duele…



Todos sabemos que desde tiempos inmemorables el fuego ha estado en diferentes planos al servicio del hombre, ya sea para la cocción de sus alimentos, combatir el frío, protegerse de los depredadores y, en la actualidad, no más allá de esto, en la casa, el trabajo, la industria, también ahora es un indicador social de malestar y de protesta.


Tomado como un indicador de lo que pasa en la sociedad, cuando el fuego escapa de nuestro control nos encontramos con ciertas dificultades. Últimamente ver densas columnas de humo por quema de cubiertas se ha transformado en un paisaje habitual en el centro de General Pico, humo que en varias ocasiones ha provocado que los empleados municipales que trabajan en oficinas aledañas debieran dejar sus puestos de trabajo. Por supuesto que esto también afecta a quienes por una razón u otra concurren al Palacio Municipal a realizar algún trámite y, ni hablar de la Clínica ubicada a pocos metros del edificio comunal. La pregunta es: ¿los empleados, los ciudadanos que concurren a realizar trámites, los enfermos o los profesionales de la Clínica, son responsables de la aparición de este fuego o son rehenes de una situación que no termina nunca de resolverse?.

Quienes realizan manifestaciones frente a la municipalidad parece que no encuentran otro método para protestar y quienes desde el gobierno negocian con los manifestantes solo atinan a mirar por la ventana el humo que lo envuelve todo.

Seguramente quienes viven en barrios alejados de la ciudad no perciben esta circunstancia, pero lentamente vamos mutando de lo que fue “General Milonga” a “General del humo” para quienes observan lo que sucede en nuestra ciudad.

Cualquiera que pase frente al municipio puede ver las marcas del fuego, cualquiera que “vea mas allá” de esas marcas razonará que algo no esta bien. Según dicen los protagonistas – de las dos partes -, se reúnen, hablan, prometen, cumplen, incumplen y bla bla bla. Lo cierto es que el humo y las gomas encendidas ya son una postal de nuestra ciudad y esto es así le guste a quien le guste.

Es cierto que según autoriza nuestra constitución nacional todos tenemos derecho de peticionar ante las autoridades, de reclamar lo que entendemos que es justo y tenemos la libertad de expresarnos y que son derechos que todos debemos preservar, pero la ciudad es de todos, de los reclaman y de los que no lo hacen. Por el otro lado, por parte de las autoridades ante quienes se reclama, tampoco las cuestiones son resueltas al parecer. Uno estima que 110 personas del MTD y 40 o 50 manifestantes con reclamos por problemas de vivienda en una ciudad que tiene más de 60.000 habitantes no debería ser un problema de difícil atención, ni que lleve a estos extremos a la segunda ciudad de la Provincia.

Muchos que opinan sin ser parte podrían aportar dejando de descalificar a unos porque tienen celulares, salen, fuman, porque son siempre los mismos ó a los funcionarios porque poseen autos último modelo y status de vida elevado; tal vez sería mejor pedir que encuentren una solución a estos problemas o que aclaren si no pueden dar respuestas porque “patear la pelota para adelante” implica mas fuego, mas humo, mas descontento.

Tenemos que encontrar soluciones, porque este fuego es un fuego que duele, no es un fuego que sirve, no es un fuego que da vida, este fuego y este humo que ya casi es habitual en la ciudad es un indicador insalubre de que no tenemos la materia gris o las herramientas necesarias para solucionar estos conflictos y esto, créame, nos perjudica a todos los piquenses, no solo a los que manifiestan o a los que cuidan sus carreras políticas.