En la noche del pasado viernes 3 se llevó a cabo una reunión pugilística en el Centro de Jubilados de la localidad de González Moreno. Entre los boxeadores participó y ganó la pugilista piquense que es la protagonista de esta nota.

“La rusa” es boxeadora amateur y realizó el viernes su pelea nº10, ganando por puntos en fallo dividido a Nadia Pisaco de la localidad de Villa Huidobro en la Provincia de Córdoba. Paola lleva diez peleas realizadas y sus números indican que perdió una, empato dos y ganó las siete restantes.
Cuenta que nunca había realizado deportes y que hace tres años su compañero en la vida vio que ella tenía algunas condiciones y la invitó a que probara un poco bajo la tutela de personas con conocimiento y que si le gustaba practicara el deporte de los puños.
Así hizo y concurrió al gimnasio de Alberto Cejas en nuestra ciudad, quien le vio condiciones y luego de dos meses de entrenar, tal vez cuando aún no estaba lista, la subió al cuadrilátero y como fue de esperar la experiencia fue traumática, a punto tal que cuando recibió los primeros golpes –cuenta Paola- se vio venir la paliza y decidió bajarse de inmediato.
Después de este primer sufrimiento en el ring quedó traumatizada y abandonó la práctica. Tiempo después junto con su pareja decidieron viajar a la localidad de América a un gimnasio donde evaluaran si tenía realmente condiciones o no, así fue que se conectaron con Juan “el gato” Giménez, quien también entrena al “Lacho” Cabral y a Vanesa Machado, dos excelentes boxeadores. Giménez la examinó y le dijo que si, le dio las primeras nociones de técnica y guanteo y recomenzó el entrenamiento, pero siempre con el miedo de enfrentar a otra mujer.
Pasado un tiempo comenzó a tirar guantes con Vanesa Machado y de a poco fue venciendo el trauma de la primera experiencia y desde entonces continuó viajando dos veces por semana al gimnasio del Club Atlético Rivadavia y tres cuando está en la antesala de una pelea. Aclara que los pleitos no son tan fáciles de conseguir debido a que en su categoría (súper pluma) no encuentra rivales, por lo que debe enfrentar boxeadoras que la superan en peso para poder pelear. Lleva desde entonces diez pleitos pugilísticos en el campo amateur y está en camino de seguir aprendiendo, pero su meta no es el profesionalismo y los títulos, simplemente es una actividad que la apasiona y a la que dedica gran parte de su tiempo, acompañada permanentemente por su pareja que la ayuda en la preparación física y también “en la esquina” cuando combate, dándole la tranquilidad de sentirse acompañada siempre.
En el pugilismo cuando suena la campana “te dejan solo y hasta el banquito te sacan” esta pareja es una suerte de excepción que confirma la regla, ya que ellos comparten todo, apoyándose mutuamente para morigerar el sacrificio que implica hacer las cosas bien en un deporte que no te permite equivocaciones, en donde los errores suelen pagarse caro y en el que “besar la lona” no siempre es lo peor que te puede pasar.




