Más de un centenar de personas se congregó en asamblea en lo que fuera el lecho del Atuel que cruzab por Algarrobo del Águila. Comenzó alrededor de las 18 horas de hoy y por espacio de una hora se escucharon varias voces y se consensuaron los pasos a seguir. Hubo representantes de los pueblos originarios, puesteros del lugar, integrantes de la Asamblea por la Recuperación de los Ríos y seis diputados provinciales de : Claudia Giorgis, Edgard Morisoli, Daniel Robledo, Carmen Bertone, Borthiry y Alfredo Schanton.
La directora de la escuela 99 de Algarrobo del Águila, Silvia Viglianco, coordinó la asamblea. “Lo que nos sucedió es algo menos que un genocidio porque nos están obligando a dejar nuestra tierra”, dijo el primer puestero que tomó la palabra.
“Recuperar el río es un derecho por naturaleza”, agregó un representante de los jóvenes. Y continuó explicando que lo que se veía, un desierto de arena y arbustos achaparrados no es el escenario natural sino la consecuencia de la mano del hombre.
Otro asambleísta explicó que la lucha no es contra el pueblo mendocido sino contra los grandes concentradores productivos, empresas privadas muchas de ellas de capitales extranjeros que acaparan el agua. “Hay que volver a poblar el oeste pampeano, La Pampa no es solo la parte húmeda”, concluyó.
Por otra parte, se propuso viajar a Buenos Aires entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre próximo a la casa de Mendoza y a la Tribunal Latinoamericano del Agua para manifestarse.
También se propuso exigir al gobierno de la provincia que no tome ninguna decisión sin antes realizar una consulta popular. Un integrante de los pueblos originarios aclaró que si bien se acompaña al gobierno en cada acción favorable a la recuperación del río, no se deja de observar todo lo omitido o mal hecho.
Tras la emotiva asamblea, en los arenales de lo que alguna vez fuera una río caudaloso y dador de vida, los asambleístas se fueron a Santa Isabel donde por la noche se realizará una peña.
Desde la década del ’40, tras la construcción de la obra hidroeléctrica Los Nihuiles, el agua del río dejó de correr o lo hizo con muy poco caudal. En el año ’72 y por espacio de diez años corrió y el desierto se convirtió en un espacio favorable para la vida. La hacienda se multiplicó y la población también.
Volvió a cortarse el río, excepto durante tres meses de verano pero en los últimos años cada vez el agua corría con menos caudal. El último período estival no corrió ni siquiera un hilito de líquido.
En el último año, unos 15 puesteros abandonaron su lugar, muchos de ellos donde habían nacido y criado, y donde habían conformado su propia familia.
El agua del lugar es salado y no permite la vida humana, de animales o de plantas que no sean propias de los ambientes desérticos. La exigua población de la localidad consume agua que llega a través de un acueducto desde la provincia de Mendoza. Solo se utiliza para consumo humano. Pocos animales, algunas chivas, muy pocos árboles excepto los de la flora autóctona y mucha, mucha arena. El río, que es vida, hoy está muerto y golpea a la población entera.